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De lo que nadie habla


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Hoy quiero dedicar las páginas de mi blog a algo sumamente importante , de lo que nadie habla. Quizás sería mejor utilizar la frase de lo que nadie QUIERE hablar , por lo doloroso que puede llegar a ser.


Quiero reflexionar sobre el momento en el que una familia debe decidir, e incluso solo plantearse, que , a lo mejor, debe internar a su hijo en algún centro residencial.


Como madre entiendo que este dolor tiene que ser como que te claven una espada en lo más profundo del alma, y que solo oírlo , debe hacer que todo tu suelo tiemble. Nadie quiere sentir que abandona a su hijo, y esa es la primera sensación que invade a las familias : el abandono.


Cuando tienes que sentarte con una familia a hablar sobre la posibilidad de una residencia, debes contar con todo lo que puede estar sintiendo en ese momento: ¿Qué van a pensar? ¿Cómo he podido fallar? ¿Cómo voy a hacerle eso? ¿lo estoy abandonando? ¿Cómo puedo ni si quiera pensarlo?... La culpa y el dolor se mezclan haciendo la conversación difícil.


Los padres quieren ocultar hasta el simple hecho de haberlo pensado en algún momento. Se culpan simplemente por haberlo considerado, cuando en su interior comienzan a sentir que la situación ya no es controlable.

Cuando consiguen poner sobre la mesa este pensamiento, aparece el miedo. Como una ola devastadora el miedo a encontrar un lugar donde estén seguros que sus hijos van a estar bien atendidos hace su presencia. Ven noticias que hablan sobre situaciones de malos tratos en residencias, sobre tratos inadecuados, y eso les hace temblar.


Como profesional , intento que las familias que viven situaciones muy complicadas con niños , ya muy grandes, exploren conmigo esta posibilidad, porque , nos guste o no, cuando las dificultades de autogestión se hacen muy intensas , y no hay apoyos efectivos, la convivencia puede ser difícil e incluso peligrosa para todos. Temo el momento en el que tengo que decir a una familia: "sabes que esto está siendo peligroso y que no tienes apoyos". Puedo ver perfectamente en su rostro como su mirada me dice : "no lo digas por favor".

Me encantaría no tener que decir nunca estas palabras, creo fielmente en las posibilidades de intervención, pero mis años de experiencia me han enseñado algo súper importante: "no juzgues nada, una cosa es la terapia y otra la vida diaria".

A veces valoramos lo que la familia podría hacer, o cómo se podría atajar todo si se tomaran otras pautas, pero lo hacemos desde nuestro cómodo despacho. Ahí no vivimos los golpes a diario, las agresiones, el no poder conducir, no poder salir de casa, ver cómo tu hijo se daña...

Damos pautas , o más bien juzgamos los pensamientos de las familias , sin pararnos un segundo a vivir en sus zapatos. "¿cómo puede hacer eso?, ¿Por qué no se implica? ¿si otros lo consiguen?". Enlazamos una evaluación tras otra, sin evaluar realmente lo importante : ¿Cómo lo vive? ¿Cómo se enfrenta a ese espejo viéndose llena de moretones ? ¿Cómo resiste mil noches sin dormir? ¿Cómo sigue levantándose para arroparlo cuando acaba de dejarla sangrando?.


Si es cierto, que otros lo consiguen, si es cierto que puede conseguir, pero se necesitan una serie de recursos. El más importante es el tener gente a tu alrededor que te permita descansos, que te permita desconectar , recargar. Muchas familias están solas, cansadas, sin recursos personales, ante situaciones terriblemente duras.


Veo en redes vídeos de familias que muestran cómo lo consiguieron, como "transformaron la vida de sus hijos", y cómo critican a todos los que toman otra decisión. Estos vídeos no me alegran , me enfadan muchísimo, porque aumentan el dolor de quienes , por el motivo que sea , deben tomar la decisión. Es maravilloso que tú lo consigas, pero puede que el nivel de agresividad de tu hijo no sea el mismo, puede que tú no estes enferma, puede que físicamente tú puedas controlar, puede que pudieras atajarlo antes de que fuera un riesgo , puede que tengas apoyo....


Lo que quiero reflejar es que ninguna familia quiere llegar a este punto. Yo como terapeuta no quiero que mis chicos lleguen a este punto. Cuando llegan aquí, las familias han agotado todas sus vías, y la decisión es la más dura de sus vidas, por lo menos debemos dejar que puedan compartir cómo se sienten sin juzgarlos. Por lo menos, la comunidad debe apoyarlos.


Por lo que cuando te sientas juzgado recuerda: el autismo de tu hijo es único, tú situación familiar es única, tu situación personal es única, solo te rindes cuentas a ti. Siéntete libre de expresar tu dolor, tu confusión , tu culpa. Es tu camino , son tus zapatos.


Si estás en esta situación, tienes mi mano. Solo el que lo ha visto, puede entenderlo, no te juzgues, RESPIRA.


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